- La refinanciación con préstamos a tipos de interés más bajos y garantizados por el Gobierno federal (o sea, por los contribuyentes), para los compradores que deben ahora al banco más dinero que el valor de sus propiedades.
- Un impuesto sobre los grandes bancos.
- Ayuda para compradores de vivienda que tienen dificultades para obtener una nueva hipoteca de prestamistas privados (o sea, de los bancos a los que se cobrará el impuesto anterior y que, en consecuencia, tendrán menos dinero, y ganas, para prestar).
El costo se calcula entre 5.000 millones y 10.000 millones de dólares. El programa de refinanciación será coordinado por la Administración Federal Inmobiliaria (FHA, por sus siglas en inglés), cuyas reservas de efectivo están por los suelos.
Podrán aprovecharse de este plan aquellos propietarios que estén al día con sus pagos en los últimos seis meses y no hayan incumplido más de un pago en los seis anteriores. O sea, que si un propietario ha tenido la mala suerte de quedarse sin trabajo, tener problemas de salud, etc. y ha incumplido un pago sólo el último mes se queda sin ayuda y además tendrá que financiar con sus impuestos el plan...
Obama también ha anunciado un proceso de subastas para la venta al por mayor de propiedades cuya hipoteca ya ha sido ejecutada -¡ah, mala suerte!-, todo con el fin de que las agencias hipotecarias controladas por el Gobierno federal vendan esas propiedades (más dinero para el gobierno) a inversionistas privados (más dinero para los más ricos) que luego las pondrán en alquiler, entre otros a los propietarios que se quedaron sin casa...
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